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La Revolución Mexicana.

Para 1910, el 85% de la tierra mexicana le pertenecía a menos del 1% de la población. Los campesinos se quedaron sin tierras y sin trabajo y sufrían a diario los efectos del hambre y la pobreza.

Las primeras manifestaciones de descontento hacia las clases gobernantes se realizaron prácticamente en 1901 cuando en San Luis Potosí se reunió un Congreso Laboral organizado por el Club Liberal "Ponciano Arriaga", saliendo de su Congreso los hermanos Flores Magón.

En 1906 estalló el primer conflicto obrero en Cananea, Sonora, con la consiguiente represión. Un año después, en 1907, ocurren los sangrientos sucesos de Río Blanco, Veracruz.

El punto de partida del proceso revolucionario fueron las declaraciones realizadas por el presidente Díaz al periodista estadounidense Creelman en 1908, en las que afirmaba que el pueblo mexicano ya estaba maduro para la democracia y que él no deseaba continuar en el poder. Comenzó en el país una intensa actividad política y ese mismo año apareció el libro “La sucesión presidencial” en 1910, escrito por Francisco Ignacio Madero, que se convirtió en el manifiesto político de los grupos de oposición a la dictadura: las clases medias, los campesinos y los obreros, contrarios a la reelección de Díaz para un nuevo mandato presidencial, pero también opuestos a las costumbres aristocráticas y al afrancesamiento dominante, a la política económica del colonialismo capitalista y a la falta de libertades políticas bajo el régimen dictatorial.

En abril de 1910 Madero fue designado candidato a la presidencia por el Partido Nacional Antirreeleccionista, fundado un año antes con un programa a favor del sufragio efectivo y la no reelección, pero sin claros contenidos sociales y económicos. En mayo del mismo año se produjo en Morelos la insurrección de Emiliano Zapata al frente de los campesinos, que ocuparon las tierras en demanda de una reforma agraria. Díaz fue reelegido para un séptimo mandato y Madero intentó negociar con él para obtener la vicepresidencia de la República, pero fue encarcelado por el dictador en Monterrey el 6 de junio, aunque poco después obtuvo la libertad y escapó a San Antonio (Texas). El 15 de octubre de 1910, Madero y sus colaboradores acordaron el Plan de San Luis, que llamó a la insurrección general y que logró el apoyo de los campesinos al incluir en el punto tercero algunas propuestas de solución al problema agrario. El 20 de noviembre se produjo la insurrección de Francisco (Pancho) Villa y Pascual Orozco en Chihuahua, pronto secundada en Puebla, Coahuila y Durango. En enero de 1911 los hermanos Flores Magón se alzaron en la Baja California y los hermanos Figueroa en Guerrero.

El 21 de mayo de 1911, en Ciudad Juárez, se firmaron los tratados del mismo nombre en los que Francisco Vázquez Gómez, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, representantes del movimiento revolucionario, y Francisco S. Carvajal, enviado del gobierno de Díaz, convinieron los siguientes cuatro puntos: primero, la renuncia de Díaz ocurriría antes de terminar el mes de mayo; segundo, el vicepresidente Ramón Corral renunciaría de igual manera; tercero, Francisco León de la Barra, secretario de Relaciones Exteriores, ocuparía la presidencia interina para convocar a elecciones, de acuerdo con lo estipulado en el Artículo 81 de la Constitución, y cuarto, se indemnizarían los perjuicios ocasionados por la revolución y cesarían las hostilidades entre ambos grupos.

El 25 de mayo de 1911, Porfirio Díaz presentó su renuncia y dejó provisionalmente el gobierno a León de la Barra. Seis días después, abandonó el país a bordo del buque Ipiranga.

Tal como se previno en los Tratados de Ciudad Juárez, León de la Barra asumió la presidencia interina y convocó a elecciones generales. Sin embargo, se dejó intacta la vieja estructura porfirista, por lo que este período fue de constante lucha entre la herencia del antiguo régimen y la implantación de uno nuevo. El interinato no dejó satisfechos ni a obreros, ni a campesinos en sus diversas demandas, ya que continuaron los mismo problemas, como las invasiones a las propiedades de las comunidades, las sucesivas huelgas fabriles y los levantamientos campesinos.

Las esperanzas que muchos mexicanos tenían cifradas en Madero se vieron frustradas por su incapacidad para mantener el orden.

Al triunfo de la Revolución, Madero deja intacto el ejército porfirista, mientras a su alrededor crecía el descontento. Los Porfiristas reclamaban sus antiguos privilegios; los zapatistas exigían el reparto de tierras; la prensa lo atacaba a diario y las rebeliones de Félix Díaz y Bernardo Reyes, independientes entre sí. A pesar de que Madero intentó conciliar intereses y aplicar una serie de reformas, fue víctima de la asonada militar conocida como “La Decena Trágica”, ocurrida a partir del 9 de febrero de 1913. Bernardo Reyes, Félix Díaz y Manuel Mondragón, tres generales del viejo régimen porfirista se levantaron en armas. En un principio, Victoriano Huerta combatió contra ellos, en su carácter de general maderista; pero, posteriormente, se unió a éstos y otros generales, y junto con el embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, acordaron por medio del Pacto de la Embajada, coaccionar a Madero y al vicepresidente José María Pino Suárez, para que renunciaran a sus cargos. Aunque éstos aceptaron dimitir, fueron asesinados el día 22 del mismo y trágico mes por órdenes de Huerta.






Decena Trágica

Domingo 9 de Febrero de 1913.- Los sublevados liberan a Bernardo Reyes y Félix Díaz. Madero marcha desde Chapultepec hacia el Palacio Nacional (hoy Palacio de Bellas Artes). Es ahí donde Madero nombra Comandante Militar de la Plaza al General Victoriano Huerta, error que le costaría la vida.

Lunes 10.- Los diarios capitalinos no aparecen. Temor general. No hay transporte y las tiendas permanecen cerradas.

Martes 11.- Se bombardea la Ciudadela. Son aniquilados dos batallones.

Miercoles 12.- Escapan los presos de la cárcel de Belén. La ciudad queda sin servicios.











































Jueves 13.- Se recrudece la lucha de la ciudadela y sus alrededores. Se disparan mil cañonazos por minuto.

Viernes 14.- Varios edificios públicos son dañados. Muchos civiles mueren por causas de "balas perdidas".

Sabado 15.- Madero rechaza a los senadores que le piden su renuncia. La ciudad se llena de humo producido por los cadáveres incinerados.

Domingo 16.- Se pacta un armisticio que es roto al poco tiempo. Mueren cerca de 300 civiles ajenos a la lucha.

Lunes 17.- Continúan los enfrentamientos.

Martes 18.- Se celebra el Pacto de la Embajada entre Félix Díaz y Huerta con la aprobación del embajador Norteamericano, Henry Lane Wilson, Madero y Pino Suárez son aprehendidos al Salir del Palacio Nacional.

Miércoles 19.- Madero y Pino Suárez son obligados a renunciar. Huerta asume la presidencia. Tres días después, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, cuando aparentemente eran conducidos a la Penitenciaría del D.F., son asesinados por órdenes del Gral. Huerta.

El asesinato de Madero fue el detonante que sacudió al país y desató un torrente de pasiones y cruentas pugnas por el poder que se extendieron por varios años.

En esa forma, el general Victoriano Huerta llegó al poder, que le fue transmitido por Pedro Lascuráin, quien ocupó unas cuantas horas la presidencia.

Ante la situación, varios gobernadores maderistas, entre los que destacaron Venustiano Carranza de Coahuila, y Abraham González de Chihuahua, decidieron pronunciarse en contra del usurpador Victoriano Huerta. Mientras Abraham González era cobardemente asesinado, Carranza convocaba el 26 de marzo de 1913 el Plan de Guadalupe, bandera de la revolución constitucionalista, al pueblo y a militares leales a la causa, a tomar las armas para restablecer la legalidad en el país. Así, a efecto de luchar enconadamente en contra del usurpador, el Ejército Constitucionalista levantado en armas en contra de Huerta por todo el territorio nacional, contó con hombres como Francisco Villa en el norte, Álvaro Obregón en el noroeste, Pablo González en el centro y, por su cuenta, Emiliano Zapata en el sur del país. Sus luchas militares y políticas ocasionaron serias dificultades al gobierno ilegítimo de Huerta.

Además de las dificultades mencionadas, Huerta se encontró con la falta de reconocimiento a su gobierno por parte del presidente norteamericano Woodrow Wilson, quien censuró la política del embajador estadounidense en México, Henry Lane Wilson, debido a su injerencia en los asuntos de política interna mexicana.

Estados Unidos de America, tomando partido por los oponentes a Huerta, hizo desembarcar su infantería de Marina en Veracruz el 21 de abril de 1914, ocupando con tropas americanas el puerto y cortando las vías de abastecimiento del ejército huertista, y en consecuencia acelerando su caída.

Huerta publicó su renuncia el 15 de julio de 1914, y abandonó el país rumbo a Europa.

Tras la caída de Huerta, Venustiano Carranza entró a la capital de la República el 20 de agosto de 1914, y ocupó el poder provisionalmente. Pronto surgieron diferencias entre los revolucionarios, divididos en tres grupos: los villistas, que ofrecían un programa político y social poco definido; los zapatistas, que mantenían los principios formulados en el Plan de Ayala; y los carrancistas, vinculados a la burguesía y deseosos de preservar los beneficios obtenidos por los generales, empresarios y abogados adictos a Carranza.

Venustiano Carranza citó a una convención de las fuerzas revolucionarias, para limar asperezas entre ellas, sin lograr su objetivo, pues Francisco Villa se apoderó de la convención, en Aguascalientes, y rompió relaciones con Carranza, nombrando a un nuevo presidente de la República, Villa tomó, con su aliado Emiliano Zapata, la ciudad de México, teniendo Carranza que huir hacía el puerto de Veracruz.

Con los decretos de finales de 1914 y la Ley Agraria de enero de 1915, Carranza ganó para su causa a amplios sectores de la población, mientras los ejércitos carrancistas al mando del general Álvaro Obregón ocuparon Puebla el 4 de enero de 1915 y derrotaron a Villa en Celaya (donde perdiera un brazo), Guanajuato, León y Aguascalientes, entre abril y julio del mismo año, por lo que Estados Unidos reconoció al gobierno de Carranza en el mes de octubre.

Francisco Villa inició en el norte una guerra de guerrillas y trató de crear conflictos internacionales con Estados Unidos, cuyo gobierno, en 1916, envió tropas en su persecución, aunque éstas no lograron capturarlo. En el sur, Emiliano Zapata realizó repartos de tierras en Morelos y decretó algunas medidas legales para intentar consolidar las reformas agrarias y las conquistas sociales logradas, pero también los zapatistas fueron derrotados por las tropas constitucionalistas al mando de Pablo González y obligados, entre julio y septiembre de 1915, a replegarse a las montañas.

En septiembre de 1916, Venustiano Carranza convocó un Congreso Constituyente en Querétaro, donde se elaboró la Constitución de 1917, que consolidaba algunas de las reformas económicas y sociales defendidas por la revolución, en especial la propiedad de la tierra, la regulación de la economía o la protección de los trabajadores.


 

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