Guerra de los pasteles - Guerra pasteles - Guerra de pasteles
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La “Guerra de los Pasteles”.

Francia formuló peticiones a México, que iban más allá de lo justo.

Tales reclamaciones se fundaban en los daños sufridos por algunos comerciantes franceses durante la vandálica revolución de la Acordada y en otros disturbios -incluidas las demandas de un pastelero que pedía 60 mil pesos por mercancías que según él le habían sido destruidas o quitadas-, en algunos préstamos forzosos, y en varios atentados de que habían sido víctimas algunos súbditos de Francia. Las peticiones insistían en que los franceses en México pudiesen dedicarse al comercio al menudeo y quedasen exentos de los préstamos forzosos.

Desde antes el gobierno había prometido estudiar todo esto, y en 1836, en vista de que no se había llegado a ningún punto de acuerdo, el embajador galo, barón Deffaudis inició pláticas para la celebración de un Tratado en el que se tuviera en cuenta las peticiones citadas antes. El gobierno mexicano, a través del ministro de Relaciones, don Luis G. Cuevas, se negó a ello porque habría creado una situación de privilegio para los franceses, incluso frente a la situación en la que quedarían los demás extranjeros, aunque se manifestó dispuesto al pago de indemnizaciones justas.

Esto significó que se admitía una parte de las demandas y otras no. Por lo cuál se creó cierta tirantez diplomática, que desembocó en que el embajador mexicano en París, don Máximo Garro, no fue recibido por las autoridades francesas, y el embajador Deffaudis, a su vez, se marchó de México y regresó más tarde con barcos de guerra, el 21 de marzo de 1838, que conminaron al Gobierno nacional a atender todos y casa unos de los puntos petitorios.

 

 

 





El Gobierno de Bustamante actuó con dignidad, al insistir en que no podría dar respuesta bajo amenaza de los cañones, por lo cual la escuadra francesa bloqueó los puertos mexicanos durante siete meses, aunque eso no impidió un cierto entendimiento entre los franceses y Gómez Farías, que a su vez estaba alzado contra las autoridades centrales.

Fracasadas nuevas gestiones al cabo de los siete meses, la flota extranjera bombardeó San Juan de Ulúa y después Veracruz, como paso preliminar al asalto de la tropa. El general Santa Anna, vuelto para entonces de Texas, encabezó la resistencia, aunque en ella salió herido de una pierna. La guerra no siguió adelante por las gestiones de la embajada inglesa en México, que pudo concertar un acuerdo común por el cual, el 9 de marzo de 1839, México admitió pagar 600,000 pesos por razón de indemnizaciones, pero nada más. El pago fue hecho religiosamente, pero los cobros demostraron la exageración francesa, porque una vez satisfechas las reclamaciones, todavía sobraron 200,000 pesos.

 

 

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