Virreinato_Nueva_Espana_Gobierno_Espanol
turismo en mexico
 

 

 



Circunscripciones Territoriales de la Nueva España





Entrega al virrey de la Nueva España de la Relación de las ceremonias y ritos y población y gobierno de los indios.



conocer más sobre Mexico




El Virreinato

El virreinato de la Nueva España duró casi 300 años. A la caída de Tenochtitlan, los antiguos dominios mexicas quedaron bajo el mando de Hernán Cortés, a quien el emperador Carlos V nombró Capitán General; sin embargo, la ilimitada ambición de Hernán Cortés y los abusos cometidos por sus colaboradores, hicieron que el monarca designara un equipo de cinco hombres, denominado Audiencia, que sólo provocó más problemas. Finalmente decidió nombrar un representante directo de la monarquía, que gobernaría con el título de Virrey (el Virrey, dirigía la política del Virreinato, veía que se hiciera justicia y administraba la economía; era el jefe del ejército y debía proteger a la Iglesia católica).

En 1535, la forma de gobierno de lo que se llamó Nueva España se instituyó con la designación del primer virrey español, Antonio de Mendoza, conde de Tendilla. Durante el resto del virreinato, de 1535 a 1821, un total de 61 virreyes gobernaron la Nueva España.

A pesar de que durante la conquista murieron centenares de indígenas, continuaron siendo la mayoría de los habitantes de la Nueva España, que hablaban sus propias lenguas y mantenían gran parte de su cultura original. No obstante que eran libres por decreto y podían recibir salarios, en la realidad vivían casi todos en estado de sumisión. Su situación fue el resultado del sistema de encomienda, por medio del cual se dotaba a los nobles y soldados españoles no sólo de grandes extensiones de tierra, sino además se les otorgaba la jurisdicción sobre todos los indígenas que las habitaran. El gobierno español realizó algunos intentos para reglamentar la explotación de los trabajadores indígenas en el campo y en las minas. Las reformas decretadas en España fueron muchas veces ineficaces debido a la dificultad de su ejecución. La condición de los indígenas se convirtió en un objetivo primordial del gobierno mexicano después de que fue derrocada la administración colonial.

La posición y la labor de la Iglesia católica fue una característica importante durante el periodo virreinal. Misioneros franciscanos, agustinos, dominicos y jesuitas llegaron al país poco después de los conquistadores. En 1528 Juan de Zumárraga se convirtió en el primer obispo de Nueva España y hacia 1548 se erigió un arzobispado. La iglesia mexicana llegó a ser enormemente opulenta debido a las dotes y legados que podía retener en perpetuidad. Antes de 1857, cuando se nacionalizaron los bienes eclesiásticos, la Iglesia poseía una tercera parte de toda la propiedad y territorio.

Otra característica fue la existencia de clases sociales muy marcadas: los indígenas, los mestizos (un grupo que se incrementó progresivamente durante la época colonial), los esclavos negros, los negros libres y los blancos. Los mexicanos blancos a su vez estaban divididos. La clase más alta de todas era la de los peninsulares, aquellos nacidos en España, que se oponían a los criollos, descendientes de españoles que habían nacido y crecido en la Nueva España. El resentimiento de los criollos llegó a ser una fuerza que motivó más tarde el movimiento de la independencia.

 

 





En la última parte del siglo XVIII España intentó instituir una serie de reformas administrativas, principalmente durante los años 1789 a 1794 bajo el virreinato de Juan Vicente Güémez Pacheco, conde de Revillagigedo. Estas reformas no erradicaron los problemas fundamentales del sistema y a principios del siglo XIX el resentimiento criollo y la ineficiencia del gobierno de la Nueva España habían debilitado la unión entre la colonia y la metrópoli. A estas condiciones internas se añadió la importación de las ideas políticas liberales de Europa, particularmente después de la Revolución Francesa.

La ocupación de España por Napoleón finalmente desembocó en la guerra de Independencia de México. Desorientados por el desastre que había tenido lugar en el gobierno central, los líderes administrativos de la Nueva España comenzaron a estar en desacuerdo entre ellos mismos, sin una autoridad central que interviniera. En 1808 el virrey José de Iturrigaray apoyó los intentos de los criollos para establecer un gobierno nacional. Otros oficiales peninsulares estuvieron en desacuerdo, por lo que fue depuesto, enviado a España y procesado. En el momento culminante de esas luchas entre facciones comenzó la rebelión política de la población criolla. El último virrey, Juan O´Donojú, fue quien suscribió con Agustín de Iturbide en 1821 el tratado en el que se reconocía la Independencia de México

Los límites del virreinato comprendieron, por el sur, toda la América Central (Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Costa Rica), salvo la gobernación de Castilla de Oro con la estratégica ciudad de Panamá. Por el este, incluyó al golfo de México y al mar de las Antillas. Sin embargo, el territorio isleño compuesto por las pequeñas y grandes Antillas (Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico entre otras), no formó parte de Nueva España, constituyendo gobernaciones independientes.

Al norte, la frontera del virreinato fue avanzando gradualmente y a medida que las huestes españolas doblegaban la resistencia que oponían los temidos pueblos chichimecas. La jurisdicción de Nueva España incluyó, finalmente, gran parte de la zona occidental de los actuales estados de California, Texas, Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y parte de Colorado, pertenecientes a Estados Unidos desde 1848. Hacia el oeste Nueva España limitaba con el Océano Pacífico hasta que se le agregó la administración de las Islas Filipinas, conquistadas en 1564 por la expedición de López de Legazpi.

 

Créditos Aviso Legal