Porfirio Diaz - Renuncia de Porfirio Díaz - Plan de Tuxtepec - Presidencia de la República - Porfiriato
turismo en mexico
 

El Porfiriato.

Todavía a finales del siglo XIX, nuestro país no tenía un modelo definitivo de gobierno. Los caudillos militares continuaron resistiéndose al poder civil.

Al restablecerse el régimen republicano, Juárez siguió ostentando el carácter de Presidente de la República. Lo hizo hasta su muerte en 1972. En sus últimos años fue muy combatido por sus correligionarios. Lo sustituyó Lerdo de Tejada, quien aumentó la persecución legal y material contra la Iglesia. Sebastián Lerdo de Tejada ocupó la Presidencia del 19 de julio de 1872 al 20 de noviembre de 1876; cuando Lerdo de Tejada planeó reelegirse, los jefes armados y caciques le quitaron su apoyo e iniciaron una lucha armada para llevar al poder al general Porfirio Díaz, con el Plan de Tuxtepec: " no reelección y sufragio libre ".

Al triunfar la revolución de Tuxtepec contra Lerdo, Porfirio Díaz ocupó la Presidencia de modo provisional del 23 de noviembre de 1876 al 11 de diciembre del mismo año.

Fue sucedido inmediatamente después por el general Juan N. Méndez –de11 de septiembre de 1876 al 17 de febrero de 1877-, mientras Díaz se ocupaba de acabar, mediante las armas, con los últimos grupos de resistencia de las tropas lerdistas.

Una vez concluida esta última tarea, Díaz volvió de nuevo al gobierno para atender ya en definitiva sus funciones en su primer periodo presidencial –del 17 de febrero de 1877 al 30 de noviembre de 1880-, durante el cual sostuvo públicamente los ideales liberales y continuó recibiendo la cooperación de personas que pertenecían, asimismo, al grupo liberal, como ocurrió con los integrantes de su gabinete, entre quienes estaban: don Vicente Riva Palacio, don Justo Benítez, don Ignacio L. Vallarta, don Protasio Tagle y otros de la misma tendencia.

Durante esta época, alguna prácticas políticas que venían de los años anteriores no se cambiaron; y así sucedió que las maniobras de fraude electoral que tanto se habían criticado a Juárez y a Lerdo, no solo no se corrigieron, sino que se aumentaron, y fue en estas condiciones como se instalo en 1879 el nuevo Congreso, que se formo completamente con políticos porfiristas.

Casi desde el principio de su gobierno, Porfirio Díaz dijo que gobernaría sin banderías ni exclusivismos, aunque en la práctica el predominio de los liberales en el gobierno fue evidente.

En concreto, el Porfirismo tenia ideales que seguían la corriente liberal, y consistía oficialmente en la no reelección, la Constitución de 1857, la Reforma, y, al lado de esto, el impulso al progreso material. Así lo manifestó Díaz en su discurso del 1º de diciembre de 1880. Y, consecuente con el citado ideal del progreso, aprobó subvencionar a varias compañías ferroviarias: una con línea de México a Manzanillo, otra de México a Nuevo Laredo, y otra más de la capital a Ciudad Juárez.

Pero deseoso por razones políticas de guardar la indispensable apariencia legal, no quiso reelegirse; optó por dejar la Presidencia al general Manuel González, amigo y compadre suyo, de cuya lealtad no podía dudar.

El general Manuel González gobernó del 1º de diciembre de 1880 al 30 de noviembre de 1884.

Fue conservador algún tiempo, en su juventud, y después paso a las filas de liberales. Tenia un pasado militar turbulento, y durante la revolución de Tuxtepec ayudo extraordinariamente al triunfo de Díaz, sobre todo en la batalla de Tecoac, en la que perdió un brazo.

El general Díaz ocupó durante poco tiempo el ministerio de Fomento, pero pronto abandonó la capital y se hizo designar gobernador de Oaxaca.

Para entonces existía ya la inquietud por la paz y por las inversiones capitalistas, características de esa época: así, se proyectaron varias líneas ferroviarias, se establecieron algunas fabricas, y se fundo, asimismo, el Banco Nacional de México, con fuertes participaciones de accionistas franceses. Poco después, con capital mexicano y español, apareció el Banco Mercantil Mexicano, que más tarde se incorporó al anterior, y nacieron también los Banco Hipotecarios y de Empleados, con sucursales en varias partes del territorio nacional. Sin embargo, el banco más antiguo de México, fundado en 1864, fue el Banco de Londres, México y Sudamérica.

Gran conmoción causó, por otra parte, la suspención del pago de la deuda interna y se reconoció la duda inglesa. Al decir de los acreedores, México debía a los ingleses 17.200,000 libras esterlinas, que equivalían a unos 95 millones de pesos mexicanos.

La suma parece exagerada, sin base en una documentación estricta, y esto ocasionó que hubiera una violenta oposición en el Congreso y en la prensa contra el reconocimiento de tal adeudo. A pesar de todo, el proyecto para el pago se aprobó en lo general.

A partir del 1º de diciembre de 1884, el general Díaz ocupó la Presidencia de la República, iniciándose desde entonces, ya sin interrupciones, la era porfirista.

Respecto a la prensa, el Porfirismo combatió a los periódicos que ofrecían una resistencia que no podía ser comprada, o se los ganó con dinero si eran insobornables, y al final se decidió a tener su propia prensa.

Después de la restauración de la República, las relaciones internacionales de México tuvieron que ser reorganizadas, y poco a poco, en el curso de los años que cubrieron la segunda mitad del siglo XIX, se logró multiplicar las misiones diplomáticas con las naciones independientes de casi todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

 



El gobierno del general Díaz tuvo por lema el siguiente: “poca política y mucha administración”, y de acuerdo con él, impulsó una viva tendencia hacia la prosperidad económica, que alcanzó su máximo desarrollo entre los años de 1896 y 1907.

Oros campos de la economía mostraron también signos de progreso, como en las áreas ganaderas. En la agricultura hubo desenvolvimiento en algunos sitios y en algunos ramos de ellas.

El desarrollo industrial del país, aun no siendo grande, permitió la existencia de una cierta clase obrera en las fábricas establecidas en las ciudades, o en las minas, o en las labores portuarias.

El nivel general de vida de los trabajadores era, con todo, poco favorable en algunos aspectos, como consecuencia de que no había una legislación protectora de ellos, consecuencia, a la vez, de que el Porfirismo, por ser liberal, consideraba inconveniente e inadecuado participar en los problemas sociales y económicos.

La Iglesia Católica, durante el Porfirismo, fue “tolerada”, se la dejaba vivir, no se aplicaba sino en mínima parte las Leyes de Reforma, y tal cosa le permitió un cierto margen de libertad y desarrollo. Gracias a esa libertad y desarrollo, la Iglesia vio aumentado el número de sus diócesis a 23, multiplicados sus sacerdotes, que llegaron a ser cinco mil, y restauradas algunas órdenes religiosas o establecidas otras.

En los años correspondientes al presente siglo, el Porfirismo mostró los signos de su decadencia. En materia social se agudizaron los problemas y las inquietudes; en materia política, muchos veían que el general Díaz tenía ya una edad muy avanzada y era necesario prever qué ocurriría si él faltaba. En 1904, temerosos los banqueros ingleses de que pudiera sobrevenir la muerte o incapacidad del dictador sin estar garantizada la sucesión presidencial, presionaron para que se hiciera algo, y a resultas de esto fue modificada la Constitución, que permitió el restablecimiento de la Vicepresidencia y la prolongación del periodo presidencial a seis años.

De conformidad con ello, en 1904 comenzó un nuevo plazo administrativo que tuvo del general Díaz como Presidente de la República y a don Ramón Corral como Vicepresidente.

En ese plazo gubernamental la situación política se volvió cada vez más inestable; comenzaron a aparecer grupos de oposición; circularon más ideas renovadoras; y el país no tuvo ya, como en años anteriores, el aspecto de completo dominio que el general Díaz alcanzó antes. El 20 de noviembre de 1910, siguiendo la llamada de Madero, se iniciaba la Revolución Mexicana, que acabaría con el Porfiriato, después de un breve pero intenso enfrentamiento político y militar. El 25 de mayo de 1911 la Cámara de Diputados recibió la renuncia formal a la presidencia de la República del general Porfirio Díaz. Esa misma noche salía rumbo a Veracruz, donde se embarcó con destino a Europa.

Renuncia de Porfirio Díaz

A los CC. Secretarios de la H. Cámara de Diputados.
Presente.

El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.

No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos a propósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad.

En tal concepto, respetando, como siempre he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución Federal vengo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República, con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuando que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de la Nación, derrochando sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política a conflictos internacionales.

Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas. Con todo respeto.

México, Mayo 25 de 1911.
Porfirio Díaz
(Rúbrica)



 

 

 

 

 

Créditos Aviso Legal